Durante años trabajé con familias que habían dejado de pagar su hipoteca. Algunas lo habían perdido casi todo, pero aún conservaban algo fundamental: la voluntad de resolver su situación.
Hoy el debate parece haber cambiado. La palabra «vulnerabilidad» ocupa titulares, discursos políticos y procedimientos judiciales. Pero mientras discutimos conceptos, las deudas siguen existiendo, los préstamos siguen impagados y muchas personas continúan atrapadas en situaciones que nadie se atreve a afrontar de verdad.
En este artículo reflexiono sobre cómo hemos pasado de buscar soluciones para los deudores hipotecarios a normalizar, en demasiadas ocasiones, el aplazamiento indefinido de problemas que siguen creciendo con el tiempo.